El osito de peluche recostado en la cama,
vigilante a espensas del monstruo, bruja
o esperpento similar que cruze la frontera de la irrealidad.
El osito de peluche recostado sobre la almohada de la cama,
coronado y ascendido al más alto cargo:
protector.
El osito de peluche recostado sobre el arsenal de armas
escondido bajo la almohada de la niña,
niña de voz tenue y mirada exculpatoria que
estudia detenidamente las esquinas de su cuarto
en busca de su enemigo.
El osito de peluche, recostado en su costado,
costado de la niña ya supuestamente acostada ( y dormida).
El osito de peluche ya no es un simple oso mórbido
ahora es el guardián de la torre, de la más alta torre del más majestuoso castillo.
El osito de peluche espera, ansía y ama,
ama a su ama que a su vez es amada por sus padres de amor recíproco.
La niña acaba cansada de tanta guerra, y ahora duerme,
el osito sigue esperando a espensas de que
a lo largo de los años
la niña ya no sea tan niña y ya no quiera torres
ni castillos ni peluches ni guardianes
y ya por fin quiera defenderse sola.
No hay comentarios:
Publicar un comentario